15 de febrero de 2010

Fu qué?


ASÍ ME LLAMAN

13 de febrero de 2010

Verbo

traga, traga, traga fuerte y esconde las lágrimas. párate derecha, respira profundo y luego extirpa todo el lenguaje. has buche negra, que hay que quedarse calladita, mamita no se puede protestar. mantuve la calma, fui niña, niña buena, pero ya no dan abasto los trajes, ni los canutillos, ni la boquita con carmín, ya no da esta lengua corta y ya brotan las venas en el cuello que podrían causar una explosión de víseras. cuando no dan las palabras, quedan espacios en blanco, queda el vacío, queda la desnudez explícita, quedan verbos abiertos, labios rotos y trozos de vidrios.

11 de febrero de 2010

Revivir


V.

me desnudo

de mi desnudez
una telaraña en la que reposan espejos . momias
que se acuerdan de tu mirada extraviada bajo el agua del río
tratando de distinguir entre los brazos que te ahogan
y los brazos que te salvan
esa enredadera de manos y sollozos trepó las vértebras de tus pupilas
al día siguiente tu cabello oscuro amaneció blanco
una melena de lágrimas que nunca liberaste en el llanto
ahora tu cuerpo tiene un brazo que te hunde en el río
y otro que te arrastra a la orilla
eres una muñeca de tela con brazos vivos
un columpio en el precipicio
una mano ecuánime sobre una hornilla prendida

mi desnudez me cuelga del cuello como un terremoto de espejos
donde espío las sagas de rostros sucesos cuartos
veo tu cara sonriente en la sala y desvencijada en el baño
veo las junglas invisibles que pueblan tu casa inmaculada
veo las corrientes del río nadando tu cuerpo
veo tus manos reposar sobre mi cuello
veo a través del agua

mi desnudez cuelga del collar de cardenales en tu cuello
es mi traje de esponja pulsando agujeros
nariz vagina boca poros ano oídos ojos
quieres sellarme los túneles del asombro
los mismos del dolor
me tejes desesperadamente un desnudo sin hoyos
con tu mano ecuánime pones mi mano sobre la hornilla prendida
quieres arrastrarme a tu orilla
tu amor . la inestabilidad

Poema de Chloé S. Georas del libro Rediviva: Lost in trance . lations Libros Nómadas (2001)

18 de enero de 2010

Tejidos azules


El olor a sangre la atrapó cuando vio llegar a la mujer del cabello azul. Era una peluca espantosamente llamativa, la que tenía aquella mujer que se paseaba de lado a lado por el pasillo del hospital. Enseguida encendió un cigarrillo para ver si alejaba aquella peste a cuagulo rojo que colgaba del vestido corto de aquella mujer que reía como loca, pero que mantenía una mirada firme y aliviada y no perdida y escurridiza como ésas con las que dibujan a los personajes lunáticos en las películas de Hollywood.
-Señora, ¿qué hace fumando en la sala? Está loca, apague eso inmediatamente. Le exigió una enfermera.
-Disculpe, pero como el médico fumaba, pensé que estaba permitido.
-Pues no. Además, el médico está fumando fuera de la sala de operaciones.
Llevaba seis meses esperando por el día de su operación y hoy, que era el gran día que esperaba, la dama del cabello azul la dejaba sin aliento, con ganas de escapar. Hacía cinco meses que había comenzado a desangrarse por entre las piernas. Al principio pensó en un aborto natural de un embarazo no anunciado, luego pensó que era aquel golpe de bicicleta que le robó la virginidad con apenas 12 años. Pero los médicos descartaron todas esas posibilidades, luego de varias pruebas acuáticas.
-Se le han roto todos sus capilares. Le dijo un médico. El único remedio es operarla y agregarle sangre azul.
-Eso jamás, ripostó.
Buscó una segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima y hasta una octava opinión, pero todos coincidían con el diagnóstico inicial.
Hasta que una noche de julio, mientras dejaba rastros de sangre en el suelo, un hombre le dijo: "Yo sé lo que tiene".
-Se llama cardialgia y el dolor se le está reflejando en un segundo corazón.

30 de diciembre de 2009

A la dama del poncho rojo


Hay una mujer con voz ronca y profunda que me hace llorar. Canta a otras mujeres, a mí, a todas, por la misma pasión que parte su voz en dos. El poncho rojo que luce se me pega a mi piel y me hace sangrar, aunque de a ratos también me hace reír. Me pinta con su lengua en cada tema, que también me acurruca. Su físico me acuerda al de la Cata, al de la luz del cielo que me habla en silencio. Yo hago gestos con mi cara cuando la escucho, la siento hasta en los poros y su tristeza me habla más que la alegría. Bravo por esa voz que me brinda alivio en este instante. Un alivio que es contradictoriamente doloroso porque cada letra es un latigazo que me hace gemir entre el llanto y el placer.

29 de noviembre de 2009

17= No es sólo una cifra, es un crimen

Foto: Mil ojos desde Xiabre


Firuzeh Shokooh Valle escribió un post buenísimo en la página de Global Voices sobre el Día Internacional de No Más Violencia contra las Mujeres que merece ser leído. Lo comparto con ustedes: http://globalvoicesonline.org/2009/11/25/puerto-rico-voices-against-violence/

24 de julio de 2009

En(cantos)


Entumecida y humedecida con puños de tejidos que la abrazan hasta besarla en los labios frutales. Cada gotita de sangre es venenosa y recorre su cuerpo hasta vaciarlo. Hasta los piratas pasaron por allí para probar de su líquido venenoso pero huyeron porque los piratas siempre andan huyendo, buscan tesoros pero se van sin nada, sin rumbo, sin anclaje, sólo ven al horizonte y ¿qué se ve en horizonte? Ven por un solo ojo, los piratas, atrofiados, distorsionados, tratando de hacerse los más r-----------s tratando de cargar con espadas que no matan, con botines que aparecen mojados en el fondo del mar siglos y siglos después. Sus rastros perduran, pero es difícil llegar hasta ellos una vez uno ha decidido nadar sin sumergirse.
Las sirenas también tienen su encanto y canto, pero de tanto cantar se quedan roncas y se rompe el embrujo y tienen piernas y corren y se van de ese pedazo de piedra a la que los piratas tanto le temen. Ellas se cortan el pelo, se quedan calvas y se van a los monasterios para silenciar lo que por tantos años han cantando. Sin colas, sin medios ojos, sin cantos, con piernas, con ojos, silentes, se van despellejando las sirenas hasta sacarse cada pedacito salado, cada rastro de aquellas historietas que hoy le dan movilidad.