4 de agosto de 2007

La razón de la pasión



"El periodismo, en mi opinión, se encuentra entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento del otro, no existimos. La condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro: hacemos, y somos, aquello que los otros nos permiten. Ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad".

"Por último, conviene tener presente que trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente. Con nuestras palabras, con lo que escribimos sobre ellos, podemos destruirles la vida".

Ryszard Kapuscinski
"Los cinco sentidos del periodista"(2003)

18 de julio de 2007

Flechazo veraniego

8 de julio de 2007

Rutera

El descanso ha venido bien. Días de playa, verano, encierro, calor, tristeza, lecturas olvidadas, alegrías, de batir y batir esta caja que por más que lo intento, no logro decifrar qué hay en ella. Las amigas, los garabatos, ponerme al día con el mundo cibernético y tener amigos en myface o como quiera que se llame ese jodío vicio del que hay que estar alerta, pues a cada rato se mete un virus raro y ataca a alguien sin compasión: hay mentes enfermas.
Al no tener suficiente dinero para dar "el viaje", he comprado un boleto para otra isla, los caribeños somo así, digo, algunos. Así que veré concreto, haré unas investigaciones y luego, a la rutina, al ejercicio de la queja, a quemar estos ojitos en el monitor para "inventar" o "invernar".
Me encanta esa canción que dice: esperando la úlima ola, patchamama me muero de pena, escuchando la última rola mamacita te invito a bailar...

22 de junio de 2007

Verano


I. Las gotitas de sudor le empiezan a resbalar por la cara. Siguen por el cuello hasta caer en su camisilla blanca. Ya tiene un charquito en el cuello. Su cuerpo huele a desodorante Odorono, el que sí responde, mezclado con perfume Polo, el original, el del pote verde, todo junto al olor avinagrado del sudor.

II. A las 2:00 de la tarde, salió del campamento de verano. El moño que le hizo Lucy por la mañana y que la tuvo con dolor de cabeza hasta pasado el mediodía, ahora lo tiene destruido. Tiene la mancha del juego de uva Welch en el pecho de la camisa. Tiene la cara colorá porque se la ha pasado corriendo. Las medias negras, los tenis lleno de fango. Se monta al carro. Mezcla de olor a pino verde en carro recién lavado, de aire acondicionado acabado de prender en temperatura de 95 grados, huele a welch, a cara colorá, a encimas sudorosas de niños a pasos de la pubertad.

III.
-Nena, te ves divina
-Gracias
-Qué calor hace en este país
-Tú crees?
-Pero, nena, dónde vives? Pues claro que hace calor
-No, no lo he sentido
(Silencio)
-Bueno, te dejo que tengo que irme a comprar unos zapatos en Macy's para la fiesta de Juanqui y Tuti en la noche.
-Nena, me dicen que la fiesta va a quedar divina, imagínate Club Naútico, líneas de marineritos, chillo a la plancha, champán. Di-vi-no.
-Sí. Bueno, a ver si nos vamos a las islitas en estas semanas. Te aviso con tiempo.
-Claro, nena. Le digo a Paco y nos vamos, porque quién soporta el calor.
-Es que no lo he sentido. Será porque me paso en Plaza todos los días (Risas)? Nos vemos.
-Ciao, nena, ciao.

IV. Suena el despertador. Manga largas, pantalones largos, pañuelo, gafas, wallet, listo. Temperatura 100 grados. La autopista está insoportable. Se para en el paseo. Se alista su atuendo. Se baja del camión. Prende el motor de la máquina. Los bocinazos le encambronan. Sigue pasando la máquina. Toma un poco de agua, en lo que piensa si poda o no el jodío árbol de mielda que está entorpeciendo la vista de los conductores. Se despega el vaso cono de la boca y se queda guindando una telita de baba entre el vaso cono de agua y su boca. Sigue con la máquina. Empieza el mareo.

V. Silla de playa, cervezas, cigarrillos, música, palmeras. La postal.

6 de junio de 2007

Nacimiento


La demora se debió a un bebé. Un hermoso niño que llenó mi vida de color.

9 de mayo de 2007

Perra


Llegué a casa bailando mi chachachá de descarga después de un día de trabajo puñetero. Cuando papi y mami me informaron de la noticia: "No se lo digas a tu hermana que está embarazada y le podría afectar, pero Tonka se murió". Paré en el chá. Tonka fue la perra mía y de mi familia por los pasados once años. No podía creerlo, verifiqué todos los detalles. ¿Comida? Check, ¿amor? check, ¿veterinario? check. ¿Qué le había pasado? Rápido pensé que mis vecinos la habían envenenado. Adoran a los animales, tienen como 20 gatos ( de los cuales 19 han muerto), dos perros y quién sabe qué más... Imposible, no fueron los vecinos. Entonces, quién había sido el inhumano que había matado a mi perra. El cartero, tuvo que ser el cartero. Todo el día entregando cartas y siendo atacado por perros y gente, fue el cartero. Pero no, en casa el cartero no se baja de su guagüita londinense. Enumeré una lista de posibles "envenenadores" y hasta sugerí a mis padres que le hicieran una autopsia a Tonka para ver qué veneno había sido el causante de su muerte y de ahí partir.
La verdad es que Tonka no murió por falta de amor, ni por hambre ni por evenenamiento. Murió de vejez, de un infarto, se especula. No pude evitar la tristeza por la pérdida. Tonka me recibía siempre con un ladrido y un cariño baboso. Se percataba cuando la ignoraba y con su hocico buscaba mi mano hasta que me obligaba a sobarla y rascarle su cuello. Confieso que detesto que se hablen de animales como si se tratasen de hijos o hijas, detesto los artículos del periódico que le dedican páginas a "Cuchi", "Pili", "Bebe" o a cualquiera de esos nombrecitos de ratón de Disney que le poenen a las mascotas.
Pero hoy no puedo más que hablar de Tonka, nombre de truck de juguete que se le puso por su tamaño y fuerza en las patas. Esta noche no escucharé sus ladridos, que me volvían loca en las noches y me obligaban a gritarle desde mi ventana que se callara, y tampoco recibiré sus babasos por las mañanas.
Llevaba meses que no me atrevía a jugar mucho con Tonka, estaba un poco agresiva y pensaba que me podía morder en cualquier momento. Ella sabía de mi miedo. El domingo la vi tendida al sol. Fui donde ella, la sobé, la sobé, y me senté en el piso a jugar con ella. No hubo ladridos, no hubo babasoso.
Me dijeron que la encontraron dormida, debajo del árbol de siempre.

6 de mayo de 2007

Agu-ja


La aguja penetró hasta que salpicó el líquido rojo. Ouch! Haló y haló el hilo hasta que la piel quedó fruncidita dejando como huella miles de ojos cerrados a presión que se negaron a ver los agujeros inflamables del rostro. Con la boca cortó el hilo que sobraba, lo escupió. Pasó su lengua por la piel. No quería que aquel vestidito se estrujara.